Para comer cecina no es necesario ir a
Iquitos,
como tampoco para bailar mazurca es imprescindible retroceder en el
tiempo a la Europa del Siglo XIX, porque todo está en Oxapampa (
Pasco), la selva más cercana a Lima.
Iván Reyna / Revista Rumbos
Los colonos alemanes y
austríacos que llegaron hasta este rincón de selva del Perú hace varias
décadas, trajeron consigo su arquitectura y tradiciones. Hoy las siguen
conservando, lo que le da un cariz distinto a esta
ciudad fundada en 1891, en la margen derecha del río Chontabamba. Su nombre:
Oxapampa, que proviene del quechua
ocsha (paja), es decir, la pampa de la paja.
PIncelada urbana de Oxapampa, capital de la provincia del mismo nombre. Foto: Iván Reyna
Una vuelta por la Plaza de Armas significa
admirar la iglesia de Santa Rosa, construida en 1939 por Otto Müller Plofm, de
estilo centro europeo, y con techo a dos aguas para protegerse de las frecuentes lluvias. Este singular
templo,
diferente a otros del país por ser íntegramente de madera, conserva las réplicas del Señor de los Milagros, y, también, las imágenes de la Virgen de Guadalupe y de San Martín de Porres.
Contraluz amazónico. Foto: Iván Reyna
De cuevas, selvas y cataratas
Es imposible dejar de ir al
Parque Nacional Yanachaga-Chemillén
(a 25 kilómetros de la ciudad), donde el guardaparque Héctor Chamorro
les puede informar sobre las 122 000 hectáreas que integran punas
altoandinas, áreas de pajonales y bosques tropicales y de neblina. Este
parque se ha caracterizado por su
endemismo de ranas venenosas, además de albergar 350 especies de orquídeas, más de 520 especies de aves y casi
125 especies de mamíferos como
la nutria, el jaguar, el oso de anteojos, el venado enano y el
machetero. Un recorrido por su interior es contactarse con la vida
misma.
Explorando la Tunqui Cueva.Foto: Iván Reyna
Como fascinante es contactarse con
el vientre materno de la Tunqui Cueva (a 10 minutos de Oxapampa), una caverna en el cerro El Polvorín, con unos 60 metros de profundidad, que acoge a
murciélagos que se alimentan de frutas,
y esculturas de piedra como la sagrada familia, el rostro de la bruja y
el perfil del abuelo. Una forma natural de caminar por el interior de
la tierra.
Chapuzón en la catarata El Tigre. Foto: Iván Reyna
Otro magistral encuentro con la naturaleza es la
catarata del Tigre. Su caída de 60 metros, nos llama a
sumergirnos en sus refrescantes aguas
para combatir el calor de la Selva Central. Se encuentra a un pestañeo
del poblado La Cañera (unos 50 minutos de caminata desde Oxapampa), y,
según nuestra guía, Sonia Barzola, le han puesto el nombre de Tigre,
porque en épocas de lluvia (de octubre a marzo)
la catarata hace un ruido similar al rugido de un tigre.
Tacacho con cecina, un clásico de la selva. Foto: Iván Reyna
Manjares a la tirolesa
Uno de los platos exquisitos traído por los
colonos tiroleses es el
strukala.
Su preparación consiste en mezclar la harina, huevos, leche, sal, y con
el azúcar se hace una masa uniforme, antes de llevar al horno se estira
la masa y se unta con la mermelada de plátano, luego se enrolla y se
coloca en el horno. Simplemente delicioso.
Pero Oxapampa también es zona ganadera. De ahí su reconocimiento por las
exquisiteces de sus productos lácteos.
De las tres plantas procesadoras, la más grande de la zona es Floralp,
que al día acopia más de 3 000 litros de leche, con los cuales produce
queso fresco, maduro y semi maduro, además de yogurt, manjar blanco,
mantequilla. Si bien estos artículos también se encuentran en
supermercados de Lima como Plaza Vea, Vivanda, Wong, Metro,
no hay nada mejor que probarlos en su sitio de origen.
Las costumbres tirolesas se mantienen en Oxapampa. Foto: Iván Reyna
Rodolfo Quispe es el dueño de El Wharapo,
el trapiche más antiguo de Oxapampa. Su producción mensual es de 800 litros de aguardiente. Quispe comenta, mientras nos sirve uno de sus mejores destilados, que
en el valle funcionaban hasta 45 trapiches, pero hoy solo quedan cuatro. “Gracias al presidente Belaunde yo sigo teniendo mi trapiche”, recuerda con nostalgia.
Oído a la música
Renzo
Rojas Randolf y Hobart Hassinger Paredes, dos jóvenes oxapampinos que
viven con intensidad sus costumbres austro-alemanas, forman parte del
grupo Rescatando Raíces. Ellos
danzan en las Fiestas Patrias y el 30 de agosto, para celebrar a la patrona Santa Rosa. Su repertorio incluye a
la cadenciosa mazurca, una variación del vals, con otro compás, pasos y figuras; la parishpolka, la kreushpolka y el hanton, las
danzas típicas de los colonos descendientes de los inmigrantes tiroleses y prusianos.
En Oxapampa conviven en armonía los nativos yaneshas con los colonos austro-alemanes. Foto: Iván Reyna
En las danzas tirolsas, las señoritas usan la falda azul o verde, con blusa blanca y corpiño negro.
Los varones llevan chaleco negro y sombrero de modelo austriaco. Dicen que
el azul representa el cielo de Austria, el verde las praderas, el blanco la nieve y el negro (que antes era rojo por el amor a la Reina) es señal de elegancia.
Pero Oxapampa también es
tierra de los yanesha. Ellos tienen sus propias danzas que se basan en el
sentimiento mítico y religioso. Sus canciones son melancólicas y llenas de tristezas.
Los
danzarines se toman de la mano haciendo rondas. El hombre viste una
corona, una bolsa tejida, túnica de color marrón y un tambor de madera.
La mujer también viste túnica marrón, collares, huairuros, fajas y un
tamborcito de madera. A un lado, la población disfruta de
su bebida espiritual: el masato.
Todas las sangres, eso es Oxapampa.
Dìa de playa en la selva. Foto: Iván Reyna
En Rumbo
La ruta: Llegar
a Oxapampa toma unas 10 horas de viaje en bus desde Lima. Se debe ir
por la Carretera Central, pasando por Chosica, Ticlio, La Oroya, Tarma,
La Merced, San Luis de Shuaro y Puente Paucartambo. Se recorren cerca de
396 kilómetros. La ciudad se encuentra a 1 840 m.s.n.m.
http://larepublica.pe/turismo/destinos/730124-oxapampa-una-ciudad-de-colonos-y-nativos